

Caudilla Restaurante
Restaurantes y cafeterías · Santa Cruz de la Sierra · 340 m²
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El espacio ya existe
Tu espacio ya está construido y ya está en uso. Suena mal, y eso tiene consecuencias que se notan todos los días. La reforma acústica es la intervención sobre lo que ya existe: medimos qué está pasando, identificamos de dónde viene el ruido y volvemos con una propuesta llave en mano.

La oficina nueva quedó impecable a la vista y agotadora al oído. Se escucha cada llamada y cada reunión de pie, en todo el piso.
Los comensales tienen que levantar la voz para conversar entre ellos. Una mesa que no puede hablar cómoda pide la cuenta antes y no vuelve.
Pisadas, conversaciones y el televisor del vecino atraviesan la losa o el muro. Es la primera causa de reclamo en edificios en altura.
El tráfico, un generador, el bar de la esquina. El problema no lo genera tu espacio: lo recibe, y no se arregla acomodando el interior.
¿Alguna de estas cuatro es tu espacio? Cuéntanos qué está pasando.
Llevamos el laboratorio acústico móvil a tu espacio y medimos el estado real —reverberación, niveles y aislamiento— con instrumental normalizado. No proponemos nada antes de medir: sin número de partida no hay forma de demostrar después que algo mejoró.
Evaluación y medicionesCon los números sobre la mesa se separa lo que a oído no se puede separar: el ruido que entra desde afuera y el que tu propio espacio genera y devuelve. Son dos problemas distintos, y confundirlos es la razón más común por la que una reforma acústica no funciona.
Un documento con las intervenciones ordenadas por lo que cada una mejora, el material específico de cada una y el resultado esperado. Decides sobre alternativas con su costo al lado, no sobre una única opción.
Con nuestro propio equipo, y al terminar se mide otra vez. La segunda medición es lo que convierte la propuesta en un resultado en lugar de una expectativa.
Ejecución de proyectosLa propuesta es el entregable, y es un documento técnico, no un presupuesto de materiales. Dice:
El último punto es el que hace falta y casi nunca está: si el resultado se promete en el mismo parámetro con el que se midió el problema, al terminar la obra se puede comprobar si llegó. Una propuesta que no se puede verificar tampoco se puede reclamar.
Buena parte de las reformas que nos llegan arrancan con material ya comprado que no podía funcionar: espuma en las paredes para tapar al vecino, o ventanas nuevas para un salón que retumba. No es mala suerte — son dos problemas distintos y cada uno ignora la solución del otro.
El ruido viene de afuera: del vecino, de la calle, del pasillo, de la sala de máquinas. Se resuelve con masa y desacople — muros, losas, puertas y ventanas. Poner material absorbente en las paredes no lo mejora.
Productos de aislamientoEl ruido lo genera el propio espacio: la voz, la música y los golpes rebotan en las superficies duras y se suman entre sí. Se resuelve con absorción — cielorrasos, paneles, revestimientos y textiles. Cambiar las ventanas no lo mejora.
Productos de acondicionamientoEl procedimiento es el mismo en todos, pero el parámetro objetivo y la norma cambian con el tipo de espacio: una oficina no falla como una iglesia. Cada sector tiene su página con su diagnóstico y su número.
Si tu proyecto todavía no se construyó, la puerta es la otra: resolver la acústica sobre el plano cuesta una fracción de lo que cuesta corregirla sobre la obra terminada.
Consultoría y diseño acústico